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PROBLEMAS EN EL DIALOGO
CUÁNDO Y CÓMO SE TAPAN LOS CANALES DE COMUNICACIÓN.

El diálogo es el arma indestructible que tiene una pareja de novios, o un matrimonio, para vencer cualquier obstáculo. Pero dialogar no solo es conversar, hablar y escuchar, compartir. Dialogar es abrirse en dos sentidos. Abrirse para exponer el corazón. Y abrirse para recibir al otro. Exponerse sin especular, sin actuar, sin mentir, con dignidad. Abrirse para sentir la realidad del otro, para empaparse, para cambiar la propia realidad, la manera de uno de ver las cosas. Este abrirse al diálogo tiene algunos problemas que hacen a una pareja desmoronarse, en sus mismos cimientos:

1. "No me comprende, no me escucha" :5min
2. "Me miente" :4min
3. "Ya nos conocemos tanto, que para qué vamos a hablar" :3min
4. "Hablar o no hablar... es lo mismo: las cosas no cambian"
:4min
5. "Me cuesta expresarme. No encuentro el momento" :3min

1. No me comprende, no me escucha :5min

"Hace falta gritar para que a uno le oigan?". "Cómo tengo que decírtelo?". "No podés entender lo que te digo?". "Estás pensando en otra cosa, mientras hablo".

Suenan y se multiplican los reclamos por falta de atención, de comprensión, de oídos atentos que busquen el encuentro. Tal vez los reclamos sean un aburrimiento, una costumbre, un tedio, algo insoportable. Pero en verdad, los reclamos tienen algo que es hermoso, que es único y que se puede ver tras ellos.

Quien reclama es porque ama y necesita. Cuando se apagan los reclamos, es mucho más grave. Porque mientras hay reclamo, hay tiempo para cambiar, para contestar, para intercambiar, para abrirse. Cuando ese tiempo se termina, cesan los reclamos, y las personas se alejan, sin esperanza de encontrarse. El reclamo es una luz, una esperanza, una posibilidad para mejorar y dialogar. El silencio ya no.

Muchas personas prefieren el silencio, porque ya no desean el encuentro. El amor parece muy desgastado y es difícil reconstruírlo. Por eso es muy importante, no dejar pasar el tiempo y atender los reclamos de diálogo.

Es fundamental hacer sentir al otro que uno le escucha. Y tan importante como esto, es escucharlo. Escucharlo abriendo la contención de uno a la realidad del otro, para recibirlo con todo su ancho y su profundidad, con toda su trivialidad, sus vueltas, sus angustias.

Muchas personas no se abren al diálogo porque no creen que sea importante para el otro escucharles. Cada uno está tan metido en sus cosas, que la apertura al diálogo tiene que ser un firme propósito.

Por lo tanto, proponemos:
1) Atender al otro, haciéndole sentir y sintiendo que es lo más importante.
2) Ver siempre lo que quiere decirnos, encontrar su propia lógica, sus sentimientos, compartir.
3) Tener gusto por oír al otro y compartir con él las cosas de uno mismo.
4) Dar vida al diálogo. El diálogo es abrirse a la vida. No se trata de entelequias, de frases que se repiten, de palabras. Se trata de VIDAS que se comparten mediante códigos como son el lenguaje verbal y los gestos, y las miradas. El diálogo muerto, termina con todo.

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2. Me miente: :4min

"No puedo creerle, porque estoy seguro que no dice la verdad"

El diálogo es encuentro vital. No hay encuentro si no hay sinceridad. Sinceridad de ambos lados. Para el que se comunica y para el que recibe. En el compartir no es fácil discernir quién es da y quién recibe. Quién es el sujeto activo y quién es el pasivo. No obstante es fundamental para el compartir que ambos estén dispuestos a compartir. Es decir, poner en común las cosas propias. Mostrarse, guiar, abrirse, hacer propio el mundo del otro.

La falta de sinceridad en uno y la falta de confianza en el otro, son las dos caras de una misma realidad. Hay áreas en la vida de las personas que no se desean compartir.

Este obstáculo puede ser un motivo de diálogo, un motivo de entendimiento o un motivo de distanciamiento. Por ejemplo: Una persona puede no desear compartir un dolor muy profundo, y la otra persona puede intuir esto, y respetar. Ambos han logrado estar más unidos. Por el contrario, una persona puede no desear compartir algo por miedo, y el otro, al intuir esto, puede cerrarse y ofenderse diciendo "no confía en mí". Ambos han logrado estar más separados.

Es decir: cualquier cosa es motivo de un acto de confianza, o de un acto de desconfianza. Confía quien está en paz y cree en el otro, sin pedir que el otro pruebe su inocencia. Confía quien se entrega al otro, sin pedir que el otro dé muestras de entrega.

Muchas personas desconfían y por eso no se entregan, y por eso no pueden dialogar. Ya sea que mientan, ya sea que piensen que se les está mintiendo. El mundo de la desconfianza es lo opuesto de la apertura al otro.

Lo que podríamos reflexionar sobre esto es:

1) Si uno siente que le están mintiendo, es necesario pensar que el otro tiene un miedo adentro, por el cual se oculta tras una fantasía.
2) Si uno miente al otro, pensar si uno confía en el otro, si uno desea abrirse, si uno desea el encuentro.
3) Si uno necesita pruebas para confiar, es porque uno no se entrega. Y la culpa no está en el otro, sino en uno.
4) No es posible mantener la paz en el vínculo sin confianza, sin entrega.

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3. Ya nos conocemos... para qué vamos a hablar?. :3min

Hablar no es saciar la curiosidad de conocer. Sino saciar la necesidad de compartir. El hombre es un ser social, por naturaleza. Esto quiere decir que necesita crear comunidades, poner en común su vida, sus ideas, sus logros. Todos deseamos ser alguien ante los demás, ante quienes amamos. Que se nos reconozca y poder comprender a los demás.

La conversación lleva a los enamorados a fundirse. Es un paso más en la fusión de las vidas. No se trata de un espacio para llenar un vacío. Sino un movimiento para unirse. En este sentido es igual al lenguaje de los abrazos y las caricias. No solo acariciamos para conocer al otro, sino para sentir en común. Vibrar en común. Es una comunidad de vida la que entra en juego cuando dos personas se encuentran.

Por lo tanto es importante la conversación, simple, sencilla, o por el contrario, profunda, compleja. Toda conversación es una forma de encuentro, una semilla de amor que se siembra, por pequeña que parezca.

La reflexión es esta:
1) No subestimar los ratos de diálogo. Si el otro me aburre, tratar de encontrar en conjunto alguna forma de que esto no ocurra. En esta sociedad hay infinidad de recursos. No despreciar ninguno.
2) Encontrar un sentido a la conversación, no en lo anecdótico que se comparte, en los hechos que se relatan, sino en la vida que se comparte. Muchas personas cuentan lo que han hecho, como si fuera un relato de hechos muertos. No saben poner vida a lo que comparten. Y logran que el otro no reciba una vida, sino un relato muerto. Por lo tanto, tratar de dar vida a lo que se cuenta: decir lo que uno siente, lo que uno opina, lo que ha pensado, algún recuerdo asociado, alguna ilusión que se asocia.
3) Evolucionar. Tomar la precaución de no caer siempre en lo mismo. El diálogo de las personas es muchas veces una aguja que marca la vitalidad de las mismas, y el deseo de encuentro. Si una persona se estanca, seguramente hablará siempre de lo mismo, dirá las mismas cosas. Es importante que una persona se esfuerce en mantenerse dinámica, pues esa vida mantiene vivo el diálogo.

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4. Hablar o no hablar es lo mismo: las cosas no cambian :4min

De qué sirve entablar un buen nivel de diálogo?. Obviamente sirve para el encuentro, para lograr una vida en común. Este es el punto central. Si el diálogo no está al servicio de aunar la vida completa, la vida entera con el otro, ese diálogo no es conducente, no tiene sentido.

Muchas hablan para llenar un vacío, para sentirse importantes, para ser alguien durante un momento. Pero sus palabras no tienen coherencia con lo que hacen, con su forma de vida, con su realidad. Hace falta un tiempo para descubrir a estas personas, pues siempre uno ve la realidad de las cosas, por encima de las palabras.

Una persona puede declamar muchos valores, mucho compromiso de vida, puede adornarse con virtudes. Pero la realidad es una sola: los hechos de su vida. Los valores se ven en lo que esa persona hace, no en lo que declama. El compromiso se ve en cómo ejecuta día a día sus propósitos, qué sello da a su vida real.

Cuando una persona declara diferente a lo que vive, esa persona se transforma en alguien "no creíble". Y termina siendo un fraude para el amor. El amor muerde en la realidad de ambos, no solo en lo que se dice sentados en un sillón, en una mesa de café, o en un auto.

La reflexión sería:

1) Si alguien "no creíble" promete... simplemente, no creerle. No pensar que las cosas cambiarán, tratar de ayudar y expresar esta inquietud. Si no se logra credibilidad, es imposible el diálogo, pues no hay realidad que sostenga a las palabras.
2) Las personas no creíbles viven en un mundo imaginario o en un mundo de apariencia. Si viven en un mundo imaginario, viven personajes, representan personajes como si estuvieran en un teatro, sintiendo que son ellos mismos. Pero luego, este personaje deja de representar, al momento de la acción. Si viven en un mundo de apariencia, es porque sienten vergüenza de quienes son, y desean aparentar otra personalidad, otro cuerpo, otra vitalidad, otra emotividad, otra inteligencia, otra espiritualidad. En cualquiera de ambos casos, es importante no involucrarse con el personaje, sino con la realidad del otro.
3) Buscar una forma amorosa de desenmascarar al "no creíble", no para condenarlo, sino para lograr encontrarlo. Pero como todas las cosas que implican encontrarse con un corazón duro, hay que saber que la llave del corazón abre desde adentro, y es fundamental una autocrítica profunda del "no creíble". Sin esto, no hay forma de encontrarse con la realidad del otro.

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5. Me cuesta expresarme. No encuentro el momento. :3min

La expresión de una persona es un sacar afuera algo que está adentro. Si hay algo adentro, es necesario expresarlo. Hay solo dos condiciones para expresar algo:
Tener algo en el interior y saber cómo sacarlo. Muchas personas no saben decir las cosas. Y por eso fracasan en su intento por expresarse. Se enredan, dicen cosas que no quisieran decir, y se cayan otras cosas que quisieran decir. Tienen miedo de hablar, de demostrar sus sentimientos, de salir afuera de su mundo. Muchas personas hacen un esfuerzo tan tremendo para decir algo que les cuesta, que para vencer esa resistencia, hablan con torpeza, con agresividad, con fastidio, con enojo. El mensaje que quieren transmitir raramente es bien recibido.

Para expresarse es necesario hallar el momento y la forma. Hay que tratar de hacerlo en forma personal. Es decir, usando frases como: "yo siento", "estuve pensando", "creo", "me parece". Es mejor hablar en primera persona sobre los sentimientos de uno. Es bueno evitar "vos querés tal cosa", "me pedís tal otra", "siempre pretendés". Es bueno evitar hablar del otro. Mejor es "siento que vos querrías tal cosa", "pienso que me pedís tal otra". Es bueno hacer carne propia y hablar de uno mismo.

Es bueno también expresar hechos concretos cuando se argumente algo, pues sino se cae en vaguedades. Tales como "siempre me hablas mal". O "nunca estás". Mejor sería "en tal oportunidad sentí que me hablabas mal". "Tal día no te encontré". Usando un lenguaje personal y concreto es más fácil reducir los conflictos y poder expresarlos. Porque es más difícil para nuestro interlocutor manejar una situación tal como: "Nunca me decís la verdad", que "en tal momento, sentí que no me decías la verdad, por tal motivo".

La actitud para entablar un diálogo debe ser amigable, comprensible, y no tan crítica, reprobatoria. Si uno lograra aplastar al otro con reproches y bronca, los dos habrán perdido la oportunidad de encontrarse, como verdaderos amigos.

Tratar de no tener miedo de expresar los sentimientos. Contar con la aprobación del otro, y con la sinceridad de uno mismo.

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Continuará...