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EL AMOR CONYUGAL
NECESITA COMPROMISO.

Finalmente el amor matrimonial es compromiso. Esto quiere decir que amar es comprometerse, y no solamente declamar el compromiso. Y por lo tanto, perder libertad.

La libertad queda recortada en el amor humano, pues amar es elegir, y con ello se renuncian a otras posibilidades. Pero no solo en la fidelidad mutua. También en el estilo de vida que se abraza. Se acoplan dos en un mutuo consentimiento que los unifica, y por lo tanto la vida pasa a tener otro sentido, algo diferente. Se pierde libertad individual, pero se gana algo para lo cual ha sido hecha la libertad, que es el amor. Si no hay amor, no tiene sentido perder la libertad. Pero si hay amor, ese es el sentido de la libertad.

El compromiso de fidelidad es una especie de obligación que se contrae con el futuro de otra persona, estableciéndose un acuerdo que es promesa y reserva de su vida afectiva. No hay amor conyugal si no existe tal compromiso voluntario. En consecuencia, la fidelidad exige la libertad del otro por amor.

Pero también exige el sacrificio de un grado de independencia personal, para amoldarse al otro, lo cual muchas personas no están en condiciones de demostrar en la realidad. El compromiso tiene esta vertiente indispensable para el proyecto. Muchos hombres quieren eludir el compromiso de la fidelidad, y de eso se quejan muchas mujeres. Y muchas mujeres quieren eludir el compromiso que implica haber elegido a un determinado hombre y no a otro, con todas las consecuencias en su estilo de vida. Muchas mujeres quieren casarse para ponerle un rostro a un proyecto de familia que tienen. Pero eso no es comprometerse con la felicidad del otro, lo cual implica cortar con la individualidad y pensar de a dos.

El amor conyugal es un espacio donde se puede volcar toda la libertad y la creatividad para hacer feliz al otro. Pero afuera del amor conyugal, no habrá libertad, ni para otro amor, ni para individualismos. El individualismo es también una infidelidad, dado que traiciona al amor conyugal, con la diferencia que el tercero es sí mismo.

 

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