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EL
AMOR CONYUGAL
ES UNA TENDENCIA.
Es también una tendencia que surge de la intimidad y que consiste en
inclinarse hacia ella de modo persistente. Es la consecuencia de la atracción.
Decía el pensamiento clásico: "prima immulatio appetitus",
movimiento de unión. Es una travesía de intercambios recíprocos.
La comunicación y el progresivo conocimiento mutuo serán las
velas que hagan navegar a esta nave humana.
Esta tendencia tiene una primera instancia que es sexual. Por eso mismo este
amor es distinto de la amistad o del amor a instituciones, personas o conceptos
ideales -justicia, bien, belleza-. El amor conyugal es sexuado. El él
se van a complementar dos psicologías sexualmente distintas: la masculina
y la femenina.
Pero esa tendencia no solo es genital, sino sexual, psicológica, espiritual,
y cultural. En cada una de esas facetas se produce un intercambio recíproco
de influjos.
Cuando esto no se produce, esa pareja termina no teniendo nada que decirse,
pues no se comunica, es incapaz de establecer puentes de afinidad, conexiones
de entendimiento, intereses comunes. A través de esos vínculos
se efectúa ese movimiento de flujos psicológicos, espirituales
y culturales. Porque si tuviéramos que resumir la esencia del amor
conyugal, diríamos que antes que nada es algo espiritual.
Así, Max Scheler, en su libro Esencia y formas de la simpatía,
habla del amor como algo espiritual, inspirándose en las ideas de San
Agustín y Pascal. El amor debe apoyarse y descansar en los valores.
Ese será el mejor baluarte para que su edificio no se derrumbe en las
primeras adversidades serias que inevitablemente vendrán sobre él.
