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Día 10 de abril
SANTORAL: San Fulberto

El Evangelio de hoy es San Juan 3, 16-21

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

Palabra del Señor.

El Hijo se hizo hombre para dar gloria al Padre y hacernos, a todos los hombres, hijos de Dios. El cuerpo de Jesús en la cruz, sus llagas, sus heridas dolorosas se han transformado. Ahora son llagas gloriosas, heridas que dan gloria al Padre. Los méritos de Jesús, el Hijo de Dios, se extienden a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Y por su sacrificio todos podemos ser hijos de Dios. El sacrificio de Jesús es el hecho más importante en la vida del Hijo de Dios, en toda su eternidad. Antes de Jesús no había bautismo, ni eucaristía, ni confesión. No había Gracia Santificante. Jesús es la Gracia y nos ha dejado la Iglesia como vehículo por el cual nos llega la Gracia por los sacramentos. La salvación ha llegado al mundo y se ha irradiado como una luz, a través de las tinieblas de todos los tiempos. El pecado es una desición libre, en la cual hay voluntad libre, hay discernimiento y hay materia grave. Si yo peco, ignoro a Dios y me pongo en su lugar, pues decido yo lo que está bien y lo que está mal para mi vida. Dejo de atenerme al amor de Dios, y lo cambio por distintos amores parciales, volando tras una felicidad que lo único que me deja es el vacío y la soledad. El pecado nos quiebra la libertad, aunque por la libertad es que podemos pecar, y también amar. Aquello que es lo más hermoso del hombre, su capacidad de amar, proviene de algo que es lo más terrible, su capacidad de pecar. Y eso, el Hijo, lo supo siempre y el Padre también. Por eso fue que Jesús vino al mundo, para salvarnos de esta ceguera, de este laberinto, con una luz infinitamente más penetrante que nuestra mente. Jesús nos redime de este pantano, con una fuerza superior, de la cual somos incapaces. Con una luz que unifica todos los amores, y las pasiones y las ordena, nos da la paz, nos devuelve el gozo, el perdón, el amor a los demás. Una luz en nuestra tiniebla personal, que doblega de amor al corazón y lo hace incondicional. Esta es la luz de la que Juan nos habla hoy. Jesús mismo es nuestra salvación. El es la luz del mundo.

PREGUNTA (78) DEL DIA 10/4/2002
Si Jesús es la luz del mundo... ¿porqué crees que el mundo no acierta a ser felíz?. ¿Desconfía de Dios el mundo?. ¿Te das cuenta cuando pecas?. ¿Te sientes menos felíz cuando lo haces... o más felíz?. ¿Sientes la luz de Jesús?. ¿Sientes las tinieblas del pecado?.
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¡¡Con María abiertos siempre a la voluntad de Dios!! Los Misioneros de la Palabra somos un grupo de jóvenes Católicos Apostólicos Romanos unidos al papa Juan Pablo II. El comentario del evangelio de hoy y la pregunta del día, por Fernando Bravo Vocos, laico Misionero de la Palabra.