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Día
27 de febrero
Hoy
celebramos San Leandro
El
Evangelio de hoy es San Mateo 20, 17-28
Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo
sólo a los Doce, y en el camino les dijo: "Ahora subimos a Jerusalén,
donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los
escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los
paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día
resucitará."
Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús,
junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.
"¿Qué quieres?", le preguntó Jesús.
Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a
tu derecha y el otro a tu izquierda."
"No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden
beber el cáliz que yo beberé?"
"Podemos", le respondieron.
"Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz.
En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí
concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi
Padre."
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.
Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los
jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir
su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que
quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el
primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para
ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud."
Palabra del
Señor.
Una de las imperfecciones que causan mucho retraso en la vida espiritual y que se mezclan de manera muy sutil en nuestra vida es la envidia. Es increíble que aun como cristianos no sepamos alegrarnos de los bienes y de las bendiciones que reciben nuestros hermanos, sino incluso que en ocasiones sintamos hasta coraje de que Dios los haya bendecido. Y esto no solo en el plano económico, sino como nos lo presenta hoy el evangelio, en el ámbito social, que se extiende hasta el religioso. Esto, como nos lo dice Jesús, es entendible que se presente en los paganos, en los que no están llenos del amor de Dios... pero ¿en nosotros? Lógicamente esto genera críticas y enemistades. Que diferente sería nuestra vida, si al ver que uno de nuestros hermanos recibe una bendición, diéramos gracias a Dios por ser bueno, aun con los que "según nosotros" no merecerían tal o cual favor; o si en lugar de entristecernos nos alegráramos al compartir la felicidad de quien se ha visto favorecido con un don o con una gracia; si en lugar de desacreditar a nuestro hermano, buscando todos sus defectos, reconociéramos que nosotros no somos mejores y que Dios, como Padre bueno, da a cada uno no como merece sino en base a su infinito amor... Seguramente que nuestra vida estaría llena de paz y de alegría. Cambia tu actitud y "verás que bueno es el Señor".
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¡¡Con María
abiertos siempre a la voluntad de Dios!!
Notas:
Los Misioneros de la Palabra somos un grupo de jóvenes Católicos Apostólicos
Romanos unidos al papa Juan Pablo II. El comentario del evangelio de hoy y
la pregunta del día, por Fernando Bravo Vocos, laico Misionero de la
Palabra.