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Día
22 de febrero
Hoy
celebramos La Cátedra de San Pedro, o sea el día en que San
Pedro llega a Roma para convertirla en el centro de la Iglesia.
El Evangelio de hoy es San Lucas 16, 13-19
En aquel
tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que si
su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no
entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oídos ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el
que mate será llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado
también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será
llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado
al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas
allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu
ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve
luego a presentar tu ofrenda.
Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por
el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te
metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de ahí hasta
que hayas pagado el último centavo".
Palabra del
Señor.
Hoy las palabras de Jesús se centran en la ley. En una ley que de castigos muy exigente. Por decir "imbécil" a un hermano seremos reos ante el Sanedrín (el juez), o por llamarlo "renegado" seremos reos de la gehenna de fuego. ¿No es demasiado?, me pregunto... ¿No es desproporcionado el castigo con la falta?. Sin embargo Jesús así lo dice. Dios, infinitamente justo, así lo piensa. Cristo nos enseña que la justicia divina está centrada en el AMOR y en eso ha de ser inflexible. Esa es la máxima vara con la que seremos juzgados por El. Adentro del amor, todo. Afuera del amor, nada. Pero fijémosnos que Jesús nos dice "si un hermano tuyo tiene algo contra tí, deja tu ofrenda"... No nos dice "si tú tienes algo contra tu hermano, deja tu ofrenda". Cristo quiere que nos olvidemos de nosotros mismos y miremos la huella que dejamos en el otro. Coloca la verdad de nuestro amor en el otro. Nuestro hermano puede tener una ofensa en su corazón, un dolor, una indiferencia, una soledad que hayamos provocado. Allí está nuestra falta, no en lo que pensamos, en lo buenos que creemos ser, en los "defectos" que pensamos tener. Si hubiera un instrumento para medir nuestro amor, lo que llamaríamos un "amorómetro", la aguja de tal instrumento sería la felicidad de nuestro prójimo, su alegría, su sonrisa. Y esa ha de ser también la medida de la justicia divina. Buscar la felicidad de los demás es amar a los demás, y es lo que Cristo nos propone, mostrandose inflexible, exigente, desproporcionado, apasionado. Porque El mismo dió su vida por los demás, pagó con su sangre, gota por gota, el precio de nuestra redención. Y en eso se basa su doctrina. "Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo". Esto es algo muy concreto. El amor es creativo, es alegre, es fuerte, es valiente, es vida. Creemos que amamos a los demás?, veamos si están felices, si los hacemos felices. Pidamos al Señor no enredarnos con nuestras excusas y poder amar de lleno con el mismo corazón con que El nos amó.
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¡¡Con María
abiertos siempre a la voluntad de Dios!!
Notas:
Los Misioneros de la Palabra somos un grupo de jóvenes Católicos Apostólicos
Romanos unidos al papa Juan Pablo II. El comentario del evangelio de hoy y
la pregunta del día, a cargo de Fernando Bravo Vocos, laico Misionero
de la Palabra.