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Día
5 de diciembre
Hoy
se celebra Santos Anastasio y Cristina
El Evangelio de hoy es San Mateo 15, 29-37
Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña,
se sentó. Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos,
lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y
él los curó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban,
los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y
los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me
da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo
y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían
desfallecer en el camino."
Los discípulos le dijeron: "¿Y dónde podríamos
conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a
tanta gente?"
Jesús les dijo: "¿Cuántos panes tienen?"
Ellos respondieron: "Siete y unos pocos pescados."
El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después,
tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los
dio a los discípulos.
Y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse,
y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas.
Palabra
de DIOS
En el evangelio de hoy, se nos muestra la misericordia y la compasión
de Dios hacia las necesidades de los hombres. Jesús obra milagros,
no por justicia sino por amor. Porque interiormente se conmueve del dolor
y de los padecimientos de los hombres.
La gente seguía a Jesús sin preocuparse de sus necesidades más
perentorias. Esto tiene una gran enseñanza para muchos de nosotros,
que seguimos a Jesús, siempre y cuando no se nos pida nada. Este milagro
realizado por Jesús es una nueva manifestación de su poder y
de la misericordia de Jesús. Son muchos los pasajes del evangelio en
los que Jesús se muestra conmovido por el dolor o las necesidades humanas
y obra milagros para remediarlos. Resucita al hijo único de la viuda
de Naim, que daba sentido a su vida y podía ayudarla en su vejez,...
perdona a la mujer pecadora,...
Esto nos enseña a nosotros, que la verdadera compasión no se
contenta con lamentar el mal; la verdadera compasión, lleva a tratar
de remediar el mal, si está a nuestra mano. Sólo si no está
en nuestras manos poder remediarlo entonces, nos quedamos simplemente compartiendo
la aflicción y el dolor del otro. Jesús pone toda su omnipotencia
al servicio de su compasión y realiza el milagro de la multiplicación
de los panes y los peces. Se nos presentan a nosotros mil ocasiones de ejercer
la compasión con nuestro prójimo que sufre. Intentemos aceptar
voluntariamente y de corazón el sacrificio que debamos realizar para
remediar las necesidades de nuestro prójimo. Tratemos de sentir como
nuestras las aflicciones de los que nos rodean, para cumplir el mandamiento
de la caridad, amando como dice San Juan, "No de palabra ni de boca,
sino con obras y según verdad." Seguramente Dios quiere en algún
momento servirse de nosotros, servirse de nuestra pequeñez y miseria
para llegar hasta los otros a fin de llevarles el Pan de su Palabra y de la
Eucaristía.
Dios no nos pide que dispongamos de grandes cosas, de grandes talentos y cualidades
para ser instrumentos de su gracia; pero sí nos pide que pongamos a
su disposición lo poco que poseemos, dejando que sea él en su
Providencia, quien ponga el resto.
Vamos a pedir hoy a María que nos enseñe a poner todo lo que
somos y todo lo que tenemos al servicio del Señor, para que él
pueda multiplicarlo en beneficio de nuestros hermanos.
¡¡Con María
abiertos siempre a la voluntad de Dios!!
Notas:
Los Misioneros de la Palabra somos un grupo de jóvenes Católicos Apostólicos
Romanos unidos al papa Juan Pablo II. El comentario del evangelio de hoy ha
sido realizado por el P. Ernesto María.