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Día
3 de diciembre de 2001
Hoy se celebra ...
San
Francisco Javier, patrono universal de las misiones
El Evangelio de hoy es San Mateo 8, 5-11
Al
entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole:
"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis
y sufre terriblemente." Jesús le dijo: "Yo mismo iré
a curarlo."
Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno
de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a
uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve",
él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a
mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace."
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían:
"Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se
sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos."
Palabra
de DIOS
Con el Domingo de ayer dio comienzo el nuevo año litúrgico,
y el tiempo de Adviento. Este es un tiempo de alegría y de preparación
para el advenimiento especial de Jesús a nuestra alma el día
de Navidad.
El Evangelio nos habla de la fe de un centurión. Centurión era
un oficial del ejército romano que tenía bajo su mando alrededor
de cien soldados. La fe y la delicadeza hacia el Señor que muestra
este militar pagano ha sobrepasado los tiempos. En el momento en que recibimos
a Jesús en la Eucaristía, rezamos las mismas palabras que dijo
el centurión de Cafarnaun a Jesús: "Señor, no soy
digno que entres a mi casa, pero di una sola palabra y mi alma quedará
sana"
Con su preocupación por su servidor, el centurión demuestra
ser un hombre generoso y compasivo. Pero por sobretodo demuestra ser un hombre
con profunda humildad y delicadeza al reconocerse indigno de recibir a Jesús
en su casa. San Agustín nos dice que "fue la humildad la puerta
por donde el Señor entró a posesionarse de lo que ya poseía".
Jesús no solo nos invita a nosotros a repetir las palabras del centurión,
sino a imitar su preparación para recibir al Señor.
Hay una preparación remota para comulgar: Mantener la presencia de
Dios en nuestra vida durante toda nuestra jornada. Saludar al Señor
con oraciones frecuentes. Comportarnos ante nuestros hermanos y en todas nuestras
acciones como verdaderos discípulos del Señor.
Y hay una preparación próxima, que consiste en "meternos"
desde su comienzo en la Misa, atendiendo bien lo que Jesús nos enseña
ese día en el Evangelio, rezando con devoción todas las oraciones
y participando de los cantos.
Y el tiempo de la fila para comulgar debemos aprovecharlo. Una manera puede
ser repitiendo: Señor, creo en ti pero aumenta mi fe. ... Jesús,
confío en vos. ... Señor, te amo, enséñame a quererte
más.
Después de comulgar damos gracias a Dios por todos los bienes que recibimos
todos los días, y pidiéndole por nuestras necesidades.
Pensemos en cómo recibió María a Jesús después
del Anuncio del Ángel, y pidámosle que nos enseñe a comulgar
con aquella pureza, humildad y devoción con que Ella lo recibió
en su seno, y con el espíritu y fervor de los Santos.
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¡¡Con María
abiertos siempre a la voluntad de Dios!!
Notas:
Los Misioneros de la Palabra somos un grupo de jóvenes Católicos Apostólicos
Romanos unidos al papa Juan Pablo II. El comentario del evangelio de hoy ha
sido realizado por el P. Ernesto María. La pregunta del día,
por Fernando Bravo Vocos.